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Historia

8.- Las coplas y el Perrero

En llegando las Navidades de hace algunos años, en Cabañas de la Sagra , tenía lugar una serie de actos y hechos que a los más jóvenes del pueblo nos parecían cosas de un pasado no lejano, pero totalmente incomprensibles a unos niños de los años 60.

No olvidaré el colorido, la alegría y el respeto sobre todo, que nos producía ver al “Perrero”, acompañado de una rondalla, tocando guitarras, laúdes y panderetas; que por las calles del pueblo iban ejecutando un rito ancestral: Pedían chorizos, bollos, botellas u otras cosas que iban echando en un gran cesto de mimbre que portaban dos niños del pueblo. Algunas veces pedían por las casas y después de llamar, tocaban una campanilla que portaban, se abría la puerta y la persona que salía se enfrentaba al Perrero ¡ahí es nada!, con su cuerpo vestido de andrajos y mayas, la cara tapada con una careta, un gran libro en la mano, y una tralla o látigo descomunal en la otra. Al vecino que abría la puerta no le quedaba más remedio que hacer alguna donación a esta cohorte variopinta. Con el tiempo supimos que con el gran libro daba en la cabeza a los niños, y que el látigo sólo lo chascaba para amedrentar a los mayores.

Lo cierto es que ellos hacían lo que debían, aunque nunca comprendí que chiste tenía tirar o quitarle el rabo postizo al Perrero. Esta figura solía ser anónima.

Pero para los niños del pueblo, toda esta representación era inolvidable. Aunque cuando después lo comentábamos con otros niños de los pueblos de alrededor, ninguno sabía de que en sus municipios se hiciera algo parecido.

Después de este asunto del Perrero, venía el día 24 de diciembre, día de Nochebuena, y los niños teníamos otro gran acontecimiento: nuestros padres y abuelos nos decían que la Misa del Gallo en Cabañas no era como en otros sitios, ya que en nuestro pueblo, en esa Noche de Pascua, aparte de la misa, SE CANTABAN LAS COPLAS, ¿y qué era cantar las coplas? Pues bien, esto era algo insólito, y de una gran belleza plástica para los niños de esa época. Después de acabada la misa y una vez entrado el Sr. Cura en la Sacristía , aunque con el debido permiso del Párroco, comenzaban a cantarse las coplas: Dos señores del pueblo de Cabañas de la Sagra , vestidos reciamente (al estilo castellano), de una edad media de 40 a 50 años largos, con capas negras de paño, engarces de oro, frontal de capa de terciopelo verde y rojo; el uno frente al otro, alrededor la rondalla, coro, guitarras, bandurrias y panderetas. En la iglesia, un silencio profundo y respetuoso… comenzaban las Coplas de Cabañas, siempre con un contenido religioso, aunque sin ser villancicos, ni en la lejanía. Y como muestra valga un botón:

Las doncellas de Cabañas,
son tan bellas como el Sol,
son azucenas, son dalias,
son rosas de Jericó.

Repetía el Coro de la Rondalla :
Son azucenas, son dalias,
son rosas de Jericó.

El acompañamiento musical de la rondalla, era de un sonido quizá ancestral. No era jotas, ni seguidillas, ni villancicos, ni nada parecido. Ahora pienso que todo esto que veíamos y oíamos, aun sin saber sus orígenes tiene un gran valor, por su originalidad. Tenían razón nuestros abuelos, ¡sólo en Cabañas oiréis cantar las coplas!

Con el tiempo se han ido perdiendo las tradiciones, aunque los más viejos de la Villa , nos cuentan que éstas se repetían el día del Niño (primero de enero) y en la Nochebuena de Reyes (cinco de enero).

Una vez pasadas las Navidades, su subastaban todo lo que habían recogido el Perrero y los Copleros y a la puerta del Ayuntamiento eran subastados estos dones y los fondos conseguidos eran puestos en manos del Sr. Cura Párroco, que los distribuía entre los más necesitados del pueblo.

Me gustaría que todo este capital acumulado a través de los siglos no se perdiera. Y que las próximas generaciones de cabañiles pudieran contemplar estas NAVIDADES de Cabañas de la Sagra.


LA VILLA DE CABAÑAS DE LA SAGRA - APUNTES HISTÓRICOS por Juan Carlos Rojas Martín. (8)

 
 
 
 
2007 - Excmo. Ayuntamiento de Cabañas de la Sagra - Toledo.
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